Internet y los fenómenos virales

Internet puede ser una válvula para mofarse o reírse, en algunos casos ha sido un soporte obtener pruebas para incluso encausar y procesar a gente ante la justicia. Las denuncias por injurias se han disparado desde la llegada de este canal de comunicación, que junto con la llegada de whatsapp, permiten verter opiniones a diestro y siniestro.

En otros sirve para poner a algún personaje a la altura del betún, en los últimos días el objeto de este caso ha sido Pedro Sánchez, dirigente del PSOE, que en la votación para aprobar la ley del aborto, votó a favor por error. Varios han sido los memes que se han hecho sobre él y en qué pensaría en la aprobación de una ley tan importante y polémica, como el de Homer Simpson cuando es obeso y trabaja desde casa apretando un botón con el palo de una escoba mientras ve la televisión.

Pero nada como el fenómeno de león come gambas. Uno de esos fenómenos virales que surgen cada tanto en tanto pero que inundan las redes de caricaturas con mucha sorna. La gente desata su imaginación contra el individuo que protagoniza tal gesta o proeza y durante un tiempo se ve obligado a recluirse en casa o exiliarse, sin poder tener contacto con la esfera humana que le puede reconocer y poner en la plaza pública.

Fuente: Montecruz Foto

Fuente: Montecruz Foto

Pasó con los alocados amantes de la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense de Madrid y ahora le ha llegado el turno al pobre muchacho con aspiraciones a ser chef. Nunca una patata dio tanto de qué hablar. Que si carteles de estrenos de películas en las cuales salen leones, modificados con la patata en lugar de la cara del león como El Rey León, el león de la Metro Goldwyn Mayer en vez de presentarse feroz y temible convertido en el tubérculo de moda o Pablo Iglesias en vez de regalar Juego de Tronos al Rey, le presenta el plato como ofrenda.

Pase lo que pase, esto se olvidará, tendrá su minuto de gloria, deseada o no, saldrá otro y así cíclicamente, cabe preguntarse si esta gente merece el escarnio público por un minuto de flaqueza o debilidad mental, que todos tenemos pero no tenemos una cámara para grabarlo.

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